Cuando Leonardo Da Vinci murió, todos sus escritos quedaron en manos de su discípulo Francisco Melzi, y a la muerte de éste, pasaron a sus herederos que los dispersaron regalándolos o malvendiéndolos.
En el siglo XVII, el escultor Pompeo Leoni, quiso separar la parte artística de la científica, y para ello, encuadernó los materiales en dos grandes recopilaciones: el Codex Atlanticus y la Raccolta de Windsor. Luego compiló cuatro volúmenes más, por lo que hoy en día, existen unas diez recopilaciones de los materiales de Leonardo Da Vinci; dibujos realizados entre 1478 y 1518 y sus temas varían entre la Geometría, astronomía, botánica, zoología y arte militar. En 1961, un investigador llamado Carlo Pedretti, examinó a través de una potente luz dos folios pegados del Codex Atlanticus ,y creyó descubrir entre esas hojas dibujos geométricos.
Bajo rigurosas medidas de seguridad, los monjes del laboratorio de Restauración de Grottaferrata en Roma, trabajaron en el Codex Atlanticus desde 1966 hasta 1969, bajo un contrato que aseguraba que nadie debería tener acceso, durante este lapso, a las hojas de Leonardo.
Durante el proceso de restauración los monjes separaron dos hojas pegadas por Pompeo Leoni cuando lo encuadernara por primera vez. Así apareció el folio 133 v. En el mismo, se encontraban algunos dibujos obscenos realizados, tal vez, como agravio a uno de los discipulos de Leonardo, y en uno de sus bordes: el esquema de una bicicleta, que si bien no poseía juego de dirección, tenía pedales, cadena y multiplicación, mientras que el guardabarros hacia las veces de sillín. El profesor Marinoni, encargado de transcribir el Codex para una edición nacional de los manuscritos de Leonardo, recibió las fotografías de cada folio. En la fotografía del folio aparecen la bicicleta y los dibujos obscenos.
Cuando se conocieron los dibujos, los estudiosos los juzgaron en forma diversa. Reti, negaba en forma rotunda que fueran auténticos.